✦ Página ✦

Sobre mí

Retrato de estudio de Ramón Godoy, físico y maestro hondureño, sonriendo, con saco vino tinto sobre camisa celeste, ante un fondo oscuro.

Físico y maestro

Ramón Godoy

Soy físico y maestro. Media vida la he pasado en la física teórica, calculando la probabilidad de que dos partículas se encuentren, y la otra media en aulas hondureñas, apostando a que una muchacha o un muchacho descubra que ese cálculo también le pertenece. Nunca fueron vidas separadas. Una le da a la otra su porqué.

El nudo

Por qué escribo

Hace más de dos décadas que formo estudiantes, primero en matemática y después en física y en filosofía, y en ese camino dos preguntas se me volvieron una sola. Cómo funciona el universo, y por qué un país como el nuestro produce tan poca ciencia propia. Todo lo que escribo sale de ese nudo.

Pero el aula me enseñó algo que ninguna ecuación recoge. Estar tantos años cerca de mis estudiantes me obligó a no confundir nunca dos cosas. Cada estudiante llega entero, con su propio mundo, su manera de pensar y un talento esperando que alguien lo note. Lo que llega desigual es el terreno que pisan, la pobreza que ninguno eligió, un sistema que decide de antemano quién va a llegar lejos, una injusticia tan repetida que ya casi nadie la nombra. La carencia nunca estuvo en el niño, siempre estuvo en lo que lo rodea. Escribo desde esa mirada tanto como desde la física. Y trato de no quedarme en el reclamo, porque señalar lo que está mal es apenas la mitad del trabajo. A cada crítica intento seguirla con un cómo se podría hacer mejor, que es la parte que de verdad cuesta.

No escribo para exhibir respuestas, escribo para pensar mejor. Me apoyo en la evidencia, pero también en la vieja costumbre de preguntarme cómo sé lo que creo saber, y en algo que me dejó leer a la Escuela de Frankfurt, que todo poder disfrazado de natural merece sospecha, empezando por el mío. Las tres cosas tiran para el mismo lado, desconfiar de lo que se presenta como obvio. Por eso firmo lo que pienso con nombre y apellido, para que quede a la vista, en un país donde casi todo se piensa en voz baja. Y por eso mismo creo que pensar con voz propia no es un don de pocos, sino algo que se aprende y se enseña.

La prueba

Formar ciencia en Honduras

Eso lo he visto pasar. Presidí el Comité Hondureño de Olimpiadas de Física entre 2018 y 2021, y todavía acompaño a la selección nacional como delegado en los circuitos centroamericano, iberoamericano y mundial. En julio de 2026, cuatro estudiantes hondureños compitieron en la Olimpiada Internacional de Física, en Bucaramanga, Colombia, entre los de noventa y siete países. Fue la primera vez en la historia que Honduras llegaba a un mundial de física, un evento que reúne a algunas de las mentes jóvenes más brillantes del mundo, y tuve la bendición de acompañar a esos muchachos a lo largo de toda esta trayectoria. Pero el camino había empezado mucho antes, en aulas con muchas carencias, y aun así nunca faltó quien les dijera que sí eran capaces.

Con los años, esa convicción se me volvió oficio. Dirigí el Programa de Alto Rendimiento y Talentos Excepcionales, trabajo en la educación pública y ayudé a impulsar la actualización curricular de mi país, que todavía sigue en proceso. Entrené y sigo entrenando para las olimpiadas de física, entrené para las de matemática, ayudé a formar el Comité Hondureño de Olimpiadas de Química, ayudé a impulsar las de biología y astrofísica, impulsé el desarrollo de la de robótica, y ahora mismo estamos levantando la de filosofía. De ese trabajo de todos los días salen los temas que vas a leer acá. Alguna vez me tocó a mí subir al podio, con un oro en la Olimpiada de Matemáticas para Profesores y un bronce en la Olimpiada Universitaria en la que participé. Las cuento porque cada una nos confirmó, a mis estudiantes y a mí, algo sencillo y terco, que desde aquí también se piensa de igual a igual.

Cada talento

La causa que no negocio

Por debajo de todo lo que hago late una sola causa, la de que ninguna niña ni ningún niño se quede sin que alguien vea lo que trae dentro. Tuve el honor de servir como Subdirector General de Educación para Personas con Capacidad Diferente y Talentos Excepcionales, aunque mi compromiso con los derechos de las personas con discapacidad y neurodivergentes había empezado mucho antes de cualquier cargo, sobre todo con las niñas, los niños y los adolescentes autistas.

La convicción

Todos traen un talento por descubrir.

Lo sostengo con un lenguaje que abraza en lugar de separar, porque he visto demasiadas veces cómo un don sin atención se apaga en silencio. Para mí enseñar es, en el fondo, aprender a abrazar todos los mundos que viven en cada cabeza. Por eso hoy imparto un diplomado sobre autismo en la Universidad Católica de Honduras, guiado por una certeza que no me suelta, un país que no aprende a mirar a sus hijas e hijos distintos está renunciando, sin darse cuenta, a lo mejor de su futuro.

Cómo funciona el universo, y por qué un país como el nuestro produce tan poca ciencia propia. Nunca fueron dos preguntas.

Ramón Godoy

Los cimientos

Trabajo académico

Soy egresado de la Maestría en Física Teórica de la UNAH. Mi tesis estudia el decaimiento de campos escalares a gravitones y las relaciones de doble copia en el régimen perturbativo, con el formalismo de espinores de helicidad. Antes me había formado como licenciado en Matemáticas en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, y más tarde pasé por el Diplomado en Física Teórica del Centro Mesoamericano de Física Teórica y el Centro Internacional Abdus Salam.

Mi trabajo se mueve entre las amplitudes de dispersión, la teoría cuántica de campos, la gravedad cuántica y la cosmología, aunque también me pierdo con gusto en la teoría de números, las estructuras algebraicas y la combinatoria. Me atraen la inteligencia artificial, las redes neuronales y la robótica, y me gusta pensarlas como herramientas del pensamiento, con todo lo que abren y también lo que nos toca cuidar. En el fondo, detrás de todas esas cosas persigo siempre la misma, la esencia que se esconde debajo de la fórmula. De Stephen Hawking aprendí que esa esencia se puede contar sin traicionarla, y que un libro como El universo en una cáscara de nuez, o como Breve historia del tiempo, cabe en la mochila de cualquier estudiante que se anime a mirar hondo.

La otra búsqueda

La fe, lo invisible y el respeto

Creo en Dios, y lo imagino un poco a mi manera, quizás distinta a la tuya. Me acerco al Dios de Spinoza, ese que se confunde con el orden mismo del universo, con la ley silenciosa que sostiene a la vez una galaxia y una célula. Por eso la fe y la física conviven en mí sin pedirse permiso. Una no le teme a la evidencia, y la otra no necesita burlarse de nadie para ser rigurosa.

Leo la Biblia con hondo respeto, y con ese mismo respeto me acerco después al Tao o a Buda, porque en todos late una búsqueda que reconozco como propia. También leo a quienes se animaron a nombrar lo que no se ve. Incluso libros que la academia mira de reojo, como Conversaciones con Dios o el Libro de Urantia, los recorro con la curiosidad de quien lee un artículo científico, sin buscar la respuesta fácil sino la pregunta que todos comparten. De Umberto Eco me quedó una advertencia que aplico a cada uno de ellos, interpretar nunca es inocente, y buscar sentido pide la misma honestidad frente a un evangelio que frente a un dato. Me atrae lo invisible, eso que Jung llamó el inconsciente colectivo, esa trama callada donde una intuición se vuelve de muchos sin que nadie la haya pronunciado. No lo vivo como una fuga de la ciencia, sino como su conversación por otros caminos.

Del mismo modo pienso la política, desde la evidencia y desde la cultura, nunca desde el bando. Cuando escriba de lo público voy a equivocarme más de una vez, y prefiero decirlo de antemano. Lo que no voy a hacer es esconder desde dónde miro, ni faltarle el respeto a quien mira distinto.

El ángulo

Desde dónde escribo

Escribo desde la formación de talentos. Aun cuando hable de política o de fe, lo hago desde más de veinte años de preparar estudiantes y desde adentro de la educación pública hondureña, cuyos límites conozco de primera mano y no pretendo mirar de lejos.

Y hay una regla que no negocio. Si un texto toca a alguien o a una institución con la que trabajo, lo digo dentro del propio texto.

Si llegaste hasta acá, ya sabés desde dónde te hablo. Lo que sigue son los ensayos, que es donde de verdad pienso en voz alta. Entrá, y si algo te mueve, quedate.